Presentación

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24 ago 2010

¿Cómo viajan las bicis?

Ahora que ya tenemos claro que hacemos la ruta con nuestras bicicletas, la duda surge en cómo llevarlas hasta Donaueschingen: tren, avión o por carretera.


TREN
Esta opción tren queda descartada de inmediato por la nefasta política que tiene RENFE hacia el transporte de bicicletas en sus trenes. En nuestro caso tendríamos que llegar hasta Barcelona (en un regional) para, desde allí, coger un Trenhotel (no hay más opción) hasta donde fuese (Zurich, Stuttgart...) y finalmente pedalear hasta Donaueschingen (un par de jornadas) o coger otro tren.



AVIÓN
La opción más clara y rápida. Las compañías tienen sus normas para admitir bicicletas en las bodegas de los aviones (Airberlín, Lufthansa, Iberia, Easyjet, SwissAir) pero generalizando todas quieren que estén embaladas debidamente y con el manillar paralelo al cuadro (algunas incluso sin pedales).
Algunas compañías piden que se les avise con antelación del transporte de las bicicletas y es raro la que no exige una tasa suplementaria por equipaje especial.

Lo mejor es hacer un vuelo sin escalas a Stuttgart o a Zurich. Ambas ciudades están a unos 100 km de Donaueschingen, y las escalas minimizan el riesgo de que las bicicletas se pierdan por el camino. Al fin y al cabo las tratan como una maleta normal y corriente, aunque se consideren como equipaje especial.

En este punto hemos escuchado de todo. Gente a la que se le ha extraviado la bicicleta, a la que le ha llegado con algo roto, golpes... y otra que no ha tenido ningún problema.

Una vez en tierra, para llegar a Donaueschingen, pues pedales o tren.

Eso sí. Hay que tener en cuenta que para la vuelta hay que buscar de nuevo un embalaje adecuado.



CARRETERA
Posiblemente sea lo más seguro para la integridad de las bicicletas, pero el servicio de mensajería es demasiado caro, por lo que es caso de ir por carretera sería en tu propio vehículo (el alquiler también sale por bastante).

Dejar el coche en un camping mientras se hace la ruta tampoco es mala opción. La red de trenes y autobuses (también preparados para el transporte de bicicletas) hace factible volver al punto de inicio sin demasiadas complicaciones.

Nosotros al final nos decantamos por ir en coche. Es más pesado, sí, pero no vamos a estar pensando durante el vuelo si las bicis están en la bodega de carga. Además, nos permitirá pasar un par de días en Basilea, cuando ya estemos de regreso.

Nuestras compañeras de viaje

Como van a ser parte (muy) importante del viaje, se merecen su espacio de presentación en el blog.

Bea llevará su veterana Schwinn Frontier GS, que ya ha rodado por la Vía de la Plata, Vía verde de Ojos Negros...



Y yo pedalearé con una Conor WRC sin experiencia en largas rutas, porque la tengo no hace ni un mes.


¿Mi bici o alquilada?

Una duda que nos ha surgido es si llevarnos nuestras bicicletas para realizar el viaje.

Hay todo tipo de facilidades para alquilar bicicletas tanto en Alemania como Austria, ya sea por semanas (sale a unos 50 euros por semana), días... La gran ventaja es que no te tienes que complicar la vida con el tema del traslado de las bicicletas desde y a España. La desventaja es que no es tu bicicleta y no sabes el estado en el que se encuentran dichas bicicletas.

Suelen ser de este estilo


aunque siempre tirando a robustas o, al menos, esa es la impresión que dan en la foto.

En caso de que te toque una bicicleta muy pesada o a la que no terminas de acoplarte, porque depende de las que tengan ese día en la tienda, puedes cambiarla en otra tienda de la misma cadena... siempre que te puedan ofrecer algo mejor, claro.

Nosotros al final decidimos llevarnos las nuestras, porque seguro que a ellas también les hace ilusión venirse.